Inicio / LOCALES / Cuento: alumna de la Epet Telén premiada en los Culturales Evita

Cuento: alumna de la Epet Telén premiada en los Culturales Evita

La alumna Marcela Montenegro de 6to año de la de la EpetNº 8 de Telén obtuvo el segundo puesto en la instancia provincial de los Juegos Culturales Evita. Aquí, acercamos a nuestros lectores el cuento que escribió para concursar con el asesoramiento de la docente de Lengua y Literatura, Florencia Houriet.

culturaepet

El mito de Thanán-Tué 

Por: Marcela Montenegro                         

Quiero aclarar desde el comienzo que esto fue experiencia pura, no es un delirio o invento mío. Yo viví en carne propia lo que les contaré. Rara vez cuento mis cosas pero ésta es una excepción, siento que debo compartir esto que hizo temblar hasta lo más duro de mi ser.  Sentí toda clase de emociones y sentimientos, fue lo más subnormal que me había pasado en la vida. Jamás -creo y lo aseguro- vivencié otra situación así, fue inolvidable.

No recuerdo cómo llegue a ese lugar, pero recuerdo haber estado ahí. Me encontraba en un lugar raro, pero a la vez familiar, era como si ya hubiera estado allí. Mi memoria no servía de nada, era innecesario el esfuerzo. Apenas recordaba mi nombre, no entendía nada  ni siquiera qué le pasaba a mi cuerpo, el cual lo sentía más extraño que nunca.  De pronto se escuchó un ruido a mi costado, parecía  el de un motor. Dudé en mirar… –¿será qué? Dije. Cuando me quise dar vuelta el suelo tembló, pegué un salto y tropecé. Levanté la vista y  en ese momento comenzaron a correr escenas de videos a mi alrededor.  -¡Son mis recuerdos!!- grité. Sentí que los perdía -Pero, ¿qué pasa?- volví a gritar. Estuvieron pasando en fila uno por uno y después observé bien y todos ellos iban en un tren, aquel tren que alguna vez perdíamos como mi memoria, mis recuerdos. Cuando vi que se alejaban salí corriendo tras ellos,  quise alcanzarlos, parecía imposible pero no me podía rendir, eso me pertenecía; yo viví esos momentos, deben estar en mi cabeza no en otro lugar. ¿Cómo salieron? ¿Por qué se los llevaban  y quién? Seguí corriendo hasta que caí cansado al lado de una especie de cueva de piche (de pequeño siempre las buscaba en el interior del monte). Tuve un pequeño desmayo que fue por unos pocos minutos; me odié a mí mismo por no ser capaz de retenerlos. De repente, de la nada y de forma sorprendente empezó a llover horriblemente. –¡Sangre!, exclamé. Llovía sangre de la manera más asquerosa y traumática. Del susto empecé a correr hacia adelante, pero la lluvia comenzó a inundar todo y su espesa masa  no me dejaba avanzar, cada vez más subía la marea sangrienta y comenzaba a taparme. La sangre me hundía en ella, no podía buscar el exterior, el aire ya no existía en mí, volví a caer al suelo pero esta vez ahogado con sangre, tiñiendo mi débil cuerpo.

Instantes después comencé a retomar el aire y al mismo tiempo a abrir mis ojos. No podía creerlo. -Reviví- me dije. Miré mi  ropa y no había huella alguna de sangre, eso confundía más mi mente. Otra vez, de la nada, en la oscuridad, una silueta se asomó rápidamente, era una persona. Se acercó, se paró delante de mí, era yo, no lo podía creer.  –Espeluznante, ¿era mi otro yo?  Suavemente me acerqué a él para poder tocarlo, apenas toqué su rostro me regresó el brazo a mi lugar, me miró confundido y volví a tocarlo, pero esta vez con más velocidad. En ese movimiento mi mano chocó contra una especie de vidrio, todos mis dedos rebotaron en frente de esa imagen igual a mí. -¿Qué?-dije asombrado. -¿Esto es real? ¿Qué está pasando?-. Seguí observando la imagen, parecía dura e inmóvil, pero luego comenzó a mirarme y lentamente a moverse. No paraba de observarme, sus ojos  estaban  fijos, yo era su centro. Cuando de repente, detrás de él, apareció una bestia enorme, que daba más miedo que la oscuridad misma, tenía una boca enorme y colmillos muy afilados, similar a los pumas que rondan siempre por estos pagos. Con Seguridad, su intención no era buena, tenía un objetivo, justo en frente de sus ojos, era mi viva imagen a quien no paraba de acechar. Comencé a desesperarme y no sabía qué hacer. Intenté comunicarme con él, hice señas de todo tipo y ninguna funcionó, él solo me miraba de manera rara. La bestia se acercaba y no había forma de espantarla, decidí dejarlo a la suerte y -sin hacer más nada- ésta salió corriendo, como si la hubiese corrido de forma espiritual. Qué felicidad sentí, una calma inexplicable recorrió mi cuerpo. Mi otro yo puso su mano estirada en esa forma de espejo y yo coloque la mía de la misma forma, como señal de despedida y a la vez demostrando cariño. Me quedé quieto viendo cómo se iba, algo me tomó de sorpresa: de un costado salió un cuchillo, se movió tan rápido, que solo brilló al pasar frente mis ojos. Quedé impactado, el misterioso cuchillo había atravesado el cuello de mi otro yo, que cayendo lentamente se hizo polvo, su cuerpo desapareció; y el espejo comenzaba a partirse en pequeñas piezas, mientras me alejaba de ese lugar sin que yo me moviera. Todo el ambiente cambiaba, una nube blanca se esparcía en todo mi entorno, sin darme cuenta  me desvanecí,  el aire estaba como contaminado, parecido a esos días de neblina tenebrosos de invierno de esta tierra, la tierra pisoteada.

Volví a despertar, no alcancé a levantarme que lechuzas me sacaron corriendo, querían picotearme la cara, no me dejaban en paz, parecía que la persecución no terminaba. Seguía corriendo por el monte, los caldenes me habían marcado, decidí parar las lechuzas pero éstas ya no estaban. Seguí caminando y me atacó una bandada de loros, tantos como los que se  posan en los cables de la luz al atardecer en frente de mi casa. Continué mi rumbo sin rumbo sin mirar atrás, no quería ni siquiera pensar en eso, todo era tormentoso y pensar solo en el camino me calmaba; pero, ¿a dónde iba? ¿Cuándo me detendría? No lo sabía, pero  no quería pensar más que en el trayecto de ida.

De pronto, sentí como que me estaban vigilando ¿quién?  ¿Y por qué? -¡¿Acaso no me pueden dejar en paz?!- grité con todas mi fuerzas. Pero no retumbó, no entendía nada, ni siquiera sabía dónde estaba, yo solo caminaba sin pensar nada más y aunque mis pies se cansaban, eso no me importaba.

De repente escuché mi nombre desde lo más oscuro del monte que me causó un escalofrío a mis hombros y espalda. Zuzurraron: -ven a nosotros-. Yo seguí caminando como si tal cosa y otra vez se oyó, pero más fuerte  -¡ven con nosotros Nahuel!- Y no paró ahí, se repetía y por docenas de voces   -¡¡Ven, ven, ven, con, con, nos, noss, nosotros NAHUEL!!!- Ni dudé, de un salto comencé la corrida hacia adelante del monte de caldenes que parecía querer desaparecer; miré hacia un costado y una luz brillante iluminó mis ojos, tanto que me hizo frenar  por lo encandilado que había quedado. No pude darme cuenta, era el final del monte y esa luz era de un auto que atropelló mi cuerpo,  no había alcanzado a frenar, esta vez me dormí pero por mucho más tiempo.

Creí que era mi final, que ya nada me iba a salvar, pero al parecer seguía respirando. Estaba vivo y en este mundo. Desperté  con mareos y confundido, estaba en un hospital, Cuando levanté mi cuerpo, mis familiares me vieron despertar. Fue todo un suceso, volvieron los médicos me revisaron y vieron que estaba bien. Me dijeron que estaba bien que no había daño alguno y podía irme a casa, que en unos días mi memoria volvería – ¿Qué?, pero si tengo intacta mi memoria, recuerdo todo lo que pasó- le dije a mi madre. No  hicieron caso y me llevaron a mi casa, ahí me contaron que yo había sufrido un desmayo muy raro,  fabricado por el miedo en el momento que el auto casi me atropella en la última calle de Telén, esa que limita con la chacra de los Ortellado; donde siempre salgo a caminar y despejar mi mente. El raro ¿accidente? me causó un leve coma, estado que había durado dos días. Estaba confundido…A mí sí me habían atropellado, pero no dije nada hasta hoy, porque sabía que si contaba todo lo sucedido, no me creerían, no tenías pruebas ni nada para demostrar que decía la verdad. En fin, dejé que esto sea un secreto hasta hoy, que se los puedo contar a ustedes  señores, que beben demás a veces. Tengan cuidado con ese monte, el que está a mitad de camino del camino viejo, del lado derecho específicamente. Ese lugar cambia vidas, si sales con vida claro. Si no me creen; miren a aquel hombre ebrio, beodo, “en pedo” o con una “curda” tremenda que está saliendo del bar; ahora se dirige al monte de caldenes del cual les hablo. Ahora  mismo, está jugando con su mente, les señalé y les dije-mírenlo- y el hombre desapareció justo antes de entrar al monte.

Fuente: Infohuella

Compruebe también

Dos detenidos por abigeato en Télen

Dos hombres de Victorica fueron detenidos por personal policial de Telén acusados de abigeato. Transportaban …

Nuevo incendio en Telén

Nuevamente los incendios impiden la circulación vehicular normal en la ruta 10, esta vez a …

Dejanos tu comentario